
Me gusta parar en Pomme Sucre a tomar un café. Se ha convertido en un lugar habitual desde mi regreso a Gijón. El local es pequeño y sin mucho espacio para el carrito de Guilherme que ahora me acompaña a todas partes, pero tiene estilo y una amplia oferta de chocolates y bollería que se comen con los ojos.
Pomme Sucre se preocupa por el detalle: el mobiliario, la iluminación, la presentación de sus productos y el cuidado desorden de sus vajillas.
Su ubicación, a un paso de la Plaza del 6 de agosto, lo hace perfecto para una parada rápida de paso por el centro.
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